|
La enfermedad cardíaca es la principal
causa de muerte en el mundo occidental. Produce casi
el doble de los fallecimientos que provocan todos los
tipos de cáncer sumados.
La enfermedad coronaria es responsable de más
de la mitad de la totalidad de las muertes relacionadas
con el corazón. Más del 50% de los afectados
tienen menos de 65 años, con una edad promedio
de inicio de 30 años; y más del 20% de
los ataques cardíacos afectan a personas que
no presentan factor de riesgo conocido.
La enfermedad coronaria comienza con una irritación
o lesión de la delicada capa interior de células
de la pared arterial. Queda mucho por aprender acerca
de las posibles causas de la enfermedad cardiovascular,
pero se sabe que diversos factores de riesgo contribuyen
a que ésta se desarrolle. Entre ellos, el colesterol
y los triglicéridos altos, la hipertensión
arterial, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el
sedentarismo, los antecedentes familiares y el estrés.
|
 |
|
Una vez que se produce la lesión en la pared
arterial empiezan a acumularse plaquetas, calcio y colesterol.
Con el tiempo, se forma una gruesa placa que, al estrechar
el paso, reduce el suministro de sangre al músculo
cardíaco.
La enfermedad coronaria tiene diversas
formas. Algunas veces se presenta súbitamente
y otras avanza en un modo gradual, siguiendo un curso
previsible. Una forma muy peligrosa es la isquemia silenciosa.
En este caso se produce una obstrucción en la
arteria que no presenta síntomas y puede terminar
en un grave ataque cardíaco sin dolor.
En el estudio Framingham, realizado
a largo plazo, se observó que aproximadamente
15% de la totalidad de los ataques cardíacos
eran silenciosos y que un porcentaje similar de ataques
cardíacos pasaban erróneamente como indigestiones
o algún otro tipo de problemas.
Para sintetizar, el diagnóstico se efectúa
generalmente cuando la enfermedad coronaria ya está
instalada y ya ha efectuado un daño, con mayor
o menor estrago.
Con el estudio IMTHeartScan™
nos podemos adelantar 6 años a estos eventos,
y evitarlos. El diagnóstico de la enfermedad
se efectúa antes de que ella produzca algún
daño. A partir de este diagnóstico, podemos
tomar los recaudos y tratamientos que sean necesarios
para revertir el proceso degenerativo de la pared arterial
coronaria.
LOS FACTORES DE RIESGO
HIPERTENSIÓN
ARTERIAL
Se trata de un padecimiento muy común que afecta
a una gran parte de la población. Es una de las
enfermedades crónicas de mayor incidencia y su
frecuencia aumenta con la edad. Se estima que el 20%
de los adultos es hipertenso. La situación es
más grave aún si se tiene en cuenta que
alrededor del 30% de los hipertensos desconoce que lo
es.
La hipertensión es nociva y debe tratarse, pues
daña órganos vitales, como el corazón,
los riñones y el cerebro. Al mismo tiempo, eleva
la frecuencia y la gravedad de la arteriosclerosis.
Sólo el 50% de los hipertensos
está tratado. De éstos, la mitad presenta
valores normales de presión arterial. Las personas
con más de 30 años tienen, por lo menos,
una probabilidad en cinco de ser hipertensas. Con respecto
al accidente cerebrovascular, según la National
Stroke Association, la hipertensión multiplica
por seis el riesgo de padecerlo.
DIABETES
La arteriosclerosis coronaria es más
frecuente en los diabéticos y aparece en una
edad más temprana. La hipertensión y la
diabetes mellitus tipo 2 son dos de las enfermedades
que con mayor frecuencia inciden en el mundo occidental.
La diabetes incrementa el riesgo y acelera el curso
de las enfermedades cardíacas, la enfermedad
vascular periférica, el ACV, la retinopatía
y la nefropatía.
OBESIDAD
Se define como obesas a aquellas personas
que presentan un sobrepeso del 20% respecto de su peso
por tabla.
Generalmente la obesidad agrava la situación,
pues suele ser acompañada de colesterol alto,
hipertensión y sedentarismo. Con un sobrepeso
del 30%, aumenta el doble la incidencia de enfermedad
coronaria.
COLESTEROL ALTO
En los últimos 20 años,
el colesterol alto ha llegado a convertirse en sinónimo
de ataque cardíaco. Según el Multiple
Risk Factor Intervention Trial –una investigación
a largo plazo de las causas de enfermedades cardíacas–,
en los hombres de entre 35 y 57 años cuyo valor
de colesterol total llegaba a 300 mg había cuatro
veces más de posibilidades de morir (en un plazo
de 6 años) que en aquellos cuyo nivel de colesterol
estaba debajo de los 180 mg.
Asimismo, en el estudio Framingham, que se lleva a cabo
desde hace más de cuarenta años, se observa
que las posibilidades de que un tipo de sujeto
desarrolle una enfermedad cardíaca parecen aumentar
en proporción directa a sus valores de colesterol.
Las personas que presentaban un valor
elevado al iniciarse el estudio resultaron mucho más
propensas a desarrollar enfermedad cardiovascular en
el futuro.
A la inversa, entre 5.000 hombres estudiados, cuyos
valores de colesterol eran inferiores a 150 mg, no hubo,
en más de 25 años, un solo ataque ni fallecimiento
debido a enfermedades cardíacas.
TABAQUISMO
En el estudio de Framingham, los grandes fumadores de
cigarrillos tienen el triple de incidencia de patología
coronaria y mayor mortalidad. También se demostró
la gran disminución de la morbimortalidad en
cuanto se dejaba de fumar (entre 3 y 5 años).
ACTIVIDAD FÍSICA
El sedentarismo es otro factor de riesgo
importante en la enfermedad cardíaca. Se considera
que se debe realizar por lo menos una caminata de 30
minutos, cinco veces a la semana. A la falta de actividad
física se agregan, en general, el sobrepeso y
el colesterol alto.
LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR
EN LA MUJER
Si bien es una enfermedad que ataca
en su mayor número a los hombres, hay muchas
mujeres que corren el riesgo de padecerla. Este grupo
lo constituyen las posmenopáusicas, quienes en
muy poco tiempo comienzan a igualar las estadísticas
masculinas en lo referente a patología coronaria.
Todo esto es potenciado por diversos factores de riesgo,
como la diabetes, el ser fumadoras, obesas o combinar
tabaco con píldoras anticonceptivas.
|